Municipio, gobierno y corrupción
Con la política se aspira a gobernar accediendo al poder. El municipio utiliza su poder para gobernar, es la más poderosa estructura local cercana a los vecinos en el objetivo de servir y gobernar con eficiencia, eficacia, efectividad y por sobre todo con ETICA.Gobernar es administrar la participación local en democracia cuyo fin es generar igualdad de oportunidades.Ahora bien, acceder democráticamente al poder no implica ni hace necesariamente más demócrata a quien nunca lo fue. Ser demócrata exige tolerancia, valores, por sobre todo, respeto profundo a la dignidad humana, apego a la legalidad, el respeto, derecho y asegurar el acceso a la información entre otros.
El poder puede ser para algunos y algunas serviles no bien instruidos, por no decir ignorantes, simple y puramente, una ciega obsesión, que una vez que se accede a él, corrompe, transforma y cambia a aquella persona en un perfecto déspota, tirano o dictador. En definitiva podemos concordar que gobernar es representar. Es actuar en nombre de los demás, es administrar y disponer de valiosos recursos materiales humanos y financieros, pero, para un solo objetivo: EL BIEN COMUN.Sin querer caricaturizar, todos sabemos que la corrupción es posible, aunque para el vecino que no ostenta el poder en muchos de los actos de la autoridad existe impunidad, como por ejemplo, pagar descaradamente favores de campaña, desatar despiadadamente el acoso laboral, tratar de sacar de su paso a funcionarios que simplemente son un obstáculo en sus afanes corruptos. Pero no es así señores, a la impunidad le llega su hora. Cuando se falta a la probidad, cuando se genera inestabilidad, primer peldaño de la corrupción, o cuando se crea artificialmente inseguridad laboral, o tal vez creando un infundado temor, y en general, un mal clima organizacional. También lo es al maltratar, acosar, suspender, relegar, perseguir, trasladar y violentar a los funcionarios municipales por mezquinos criterios e intereses políticos o porque sencillamente no son de “los míos”, o cuyo pecado es venir de la “otra administración” o porque a la administradora no les caemos bien o no es bien visto que entre colegas seamos leales y francos.
La corrupción al interior de una organización nace por distintas causas, una de ellas, y la más usual, es por temor, basado en el riesgo de congraciarse llevándole el amén a la autoridad y a los mediocres que le rodean cuales serviles cortesanos, como asimismo, ignorar y conculcar derechos funcionarios, burlarse de los procedimientos reglados, de los legalmente establecidos, prolongar indefinidamente los sumarios, ejercer tráfico influencia, interferir concursos públicos, formar comités con funcionarios incompetentes, favorecer mezquinos intereses políticos, dilatar indefinidamente o sencillamente no obedecer las resoluciones de los organismos Contralores, sin que nunca suceda nada por dichos y manifiestos desacatos, etc.
La democracia que propugnamos no es precisamente, un descontrol o dictadura, aunque en algunos casos es brutal aún que esta es sin metralleta. Podemos ver que los costos económicos, políticos y sociales generados por decisiones injustas son traspasados a los ciudadanos, golpeando, con más dureza a quienes sufren la pobreza. ¿Corresponde entonces proteger, justificar y amparar a funcionarios políticos, muy bien pagados con recursos de todos, que por favores políticos llegan a gobernar y participar en hechos de corrupción?, eso nadie lo puede tolerar. Cuidado entonces, afortunadamente la conciencia ciudadana y la conciencia funcionaria están muy despiertas, la probidad, el apego a la legalidad y decencia administrativa es nuestra mejor herramienta, sólo basta que quienes deban fiscalizar, perseguir y sancionar las conductas no probas lo hagan pronto y asuman de una vez por todas su papel ético y moral. La decencia política y moral así lo reclama.

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